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miércoles, 29 de agosto de 2018

La gentrificación: Persecución xenofóbica en New York






gentrificación (proveniente del inglés gentry,) se refiere al proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado —o en declive— a partir de la reconstrucción —o rehabilitación edificatoria con mayores alturas que las preexistentes— que provoca un aumento de los alquileres o del coste habitacional en estos espacios. Esto provoca que los residentes tradicionales abandonen el barrio —y que se sitúen en espacios más periféricos—, lo que produce que este «nuevo» espacio termine por ser ocupado por clases sociales con mayor capacidad económica que les permita aportar estos nuevos costes.

- Wikipedia.

Bajo este eufemismo, se ha desatado feroz persecución en contra de afrodescendientes e inmigrantes latinos, forzándolos a desplazarse desde los grandes centros urbanos hacia los litorales de las grandes ciudades, ahondando más sus condiciones de pobreza y marginalidad, al estar alejados de sus centros de trabajo y bajo peores condiciones de urbanismo en sus nuevos lugares de residencia.

Se trata de “persecución”, porque este proceso de “gentrificación” se realiza forzadamente, mediante la implementación de “formulismos legales” por parte de los “caseros” (dueños de los apartamentos) en contra de los inquilinos, en lugares de alta incidencia de “minorías” como Manhattan, New York.

La “gentrificación” en esa importante zona, fue idealizada a partir de 1988, con el objeto de ceder la isla de Manhattan para ser habitada por la “clase media”, aunque acelerada a partir del año 2000 con las siguientes medidas:

Cierre a los nuevos solicitantes de los subsidios para inquilinos de bajos ingresos,
Aumento de las rentas bajo el alegato de “construcción de mejoras”
Financiamiento e imposición de “legisladores estatales” para impulsar proyectos en beneficio de los “caseros” y bloquear toda iniciativa en beneficio de los inquilinos.

Situación que ha encontrado terreno fértil, en razón de las debilidades de las minorías, algunas como:

La desunión: En que los latinos, de acuerdo a su país de origen, no hacen causa común con los que no sean de su propio país. Agravado con el “recelo” de los afrodescendientes que se sienten “desplazados” por los primeros. En esto último es notoria la rivalidad entre estos últimos con los latinos provenientes de Puerto Rico, en donde se disputan los espacios políticos, situación agravada con el retiro de Charles Rangel, quien era hijo de puertorriqueño y afrodescendiente.

Bajos ingresos: Estas minorías, en especial los inmigrantes latinos, por su baja escolaridad y precario estatus migratorio, desempeñan trabajos “residuales “de baja remuneración, el cual oscila entre los 18 hasta los 24 mil dólares AL AÑO. Agravado, en que deben tomar, gran parte de ese dinero, en enviar “remesas” a sus familiares y amigos en sus países de origen.

No ejercen el voto: Estas minorías, lamentablemente no son conscientes de la importancia del ejercicio del voto. Suelen realizar mucho activismo en las redes sociales, pero cuando se convocan elecciones para elegir las autoridades que los van a representar, no acuden.  Situación que se agrava considerablemente cuando se trata de elección de los legisladores y autoridades estatales y municipales, quienes son los que tienen el mayor poder de decisión en materia de urbanidad y vivienda.

Esto hace que los políticos, no suelen hacerles mucho caso, ni mucho menos se interesen en entablar algún tipo de negociación, sea individual o sectorial, para obtener apoyo a cambio de reivindicaciones sociales, sean colectivas o individuales. También facilita que los “caseros” con pocos recursos, puedan imponer a sus legisladores, Alcaldes y Gobernadores.

Carecen de “arraigo”: El “arraigo”, traducido en la propiedad de inmuebles y negocios, es un estatus que antiguamente era requisito indispensable para escalar peldaños políticos. En este caso particular, al carecer de propiedades y ser “meros inquilinos” están a mercede de lo que decidan “los caseros”.

Esto se traduce en hechos, como la elección de Adriano Espaillat, quien a pesar de pertenecer a estas “minorías”, mientras ejercía de legislador estatal, acudía al Parlamento para votar a favor de los intereses de “los caseros”, gracias al respaldo económico de estos últimos, la abstención y el “voto favorable” de esa misma minoría a quien golpea.

Así como el silencio cómplice de prestantes figuras latinas, oriundas de ese sector, como el caso de Junot Díaz, siempre presto para defender los haitianos supuestamente maltratados en Santo Domingo y callar ante lo que está ante sus ojos.

En resumidas cuentas: Las minorías constituidas en “inquilinos” están siendo perseguidas, como en los mejores tiempos de la Alemania Nazi, con elementos más sofisticados. Al estar prácticamente indefensas, a merced de los “caseros”, sus aliados políticos y lógicamente la pujante “clase media” deseosa de apoderarse y establecerse en toda la isla de Manhattan.



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